Tesoros enteros del desierto: nueces pecanas "corazón", recolectadas en valles áridos y tostadas a fuego lento en comales de barro para un crujido dorado y sabor a tierra fértil. Puras, sin aceites, capturan la dulzura natural del Oeste mexicano. Espárcelas en atoles o come a puñados en la sobremesa. ¡Nutrientes del sol, intactos y potentes!